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La batalla de Jason Johnson

  • Foto del escritor: Ozzie Ayala
    Ozzie Ayala
  • 15 oct
  • 2 Min. de lectura

La brisa del estadio era suave aquella tarde. Jason Johnson se preparaba para lanzar, como tantas veces antes. Pero esta vez, algo era distinto. En su cinturón, bajo el uniforme, llevaba un pequeño dispositivo que marcaba su ritmo vital. Mientras los fanáticos observan a un lanzador, él aceptaba que este aparato seria su compañero en la lucha que tenía dentro de su cuerpo.


Jason tenía 11 años cuando aprendió los términos por primera vez “diabetes tipo 1”. Desde ese momento su vida se convirtió en una rutina de controles de glucosa y dosis de insulina. Aun así, encontró en el béisbol su equilibrio. La loma era su refugio: allí no era un paciente, sino un joven con un sueño.


Con los años, ese sueño se hizo realidad. En los 90s llegó a las Grandes Ligas, lanzando para los Orioles, Tigres y Medias Rojas. Pero su enfermedad lo acompañaba en cada entrenamiento y partido. Su nivel de azúcar podía variar con la presión del juego. Y, aun así, seguía lanzando. En 2004, Jason hizo historia: se convirtió en el primer jugador de Grandes Ligas en usar una bomba de insulina durante los partidos.


El dispositivo, adherido a su cinturón, liberaba insulina mientras lanzaba rectas de 90 millas por hora. Era una escena inédita: tecnología y cuerpo humano desafiando límites. Algunos lo miraban con curiosidad; otros, con admiración. Para él, no era heroísmo, era supervivencia. “Si esto me permite seguir jugando, vale la pena”, dijo en una entrevista.


Unos años después, cuando parecía haber domado su enfermedad, la vida le lanzó otra prueba. En 2009, durante los entrenamientos con los Yankees, notó una sombra en su ojo derecho. Lo que parecía un malestar resultó ser un melanoma coroideo, una forma de cáncer ocular rara y agresiva.


El diagnóstico fue devastador. Radioterapia, incertidumbre y la posibilidad de perder la vista o su carrera. El montículo se convirtió en un recuerdo, pero su espíritu competitivo no se apagó. Mientras los médicos luchaban por salvar su visión, él luchaba por conservar la esperanza. No sabía si volvería a lanzar, pero tenía claro que el miedo no lo definiría.


Jason no volvió a las Grandes Ligas como jugador, pero su historia trascendió los estadios. Hoy inspira a otros atletas y pacientes con condiciones crónicas. Se convirtió en embajador de salud y motivador, compartiendo su experiencia en conversatorios y programas educativos. Se expresa sobre la disciplina, fe y cómo cada paso hacia el bienestar es una victoria.


Su legado no está en los números, sino en su ejemplo. Fue un lanzador que desafió su cuerpo, las probabilidades y el miedo. Y ganó!


La historia de Jason Johnson es de un hombre que convirtió su fragilidad en fuerza.

Su vida responde a una pregunta que trasciende el béisbol y la salud:


¿Definen nuestras limitaciones quiénes somos, o cómo las superamos?



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Jason eligió responder lanzando —contra la adversidad, el tiempo y todo lo que amenazaba su sueño. Cada vez que una pelota salía de su mano, enviaba un mensaje silencioso: la salud puede ser una batalla, pero nunca el final del juego.

 

 
 
 

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